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VIA CRUCIS PDF Imprimir E-mail
Escrito por Manolo Alveño   
Martes, 25 de Mayo de 2010 13:37

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VIA CRUCIS

Terminamos de celebrar la Semana Mayor del calendario de la Iglesia e iniciamos la espera de Pentecostés. Bien lo decía San Pablo: “si Cristo no hubiera resucitado, vana sería nuestra fe” (1 Corintios 15:14)

Uno de los rezos más significativos de esta época es el Vía crucis, el camino de la cruz. Nos sirve para acompañar a Jesús en catorce estaciones representativas de momentos que la tradición de la Iglesia nos ha enseñado a recordar. Aquí les dejo una pequeña reflexión personal de cada una de esas estaciones.

I. Jesús es condenado a muerte: No es Poncio Pilatos, el romano, quien le condena, mucho menos los judíos que claman por su muerte. No son ellos, sino nuestros pecados.  Que hermoso entender que es por amor a nosotros que se entrega, pues bien le dijo a Poncio: “No tendrías ninguna autoridad sobre mí, si Dios no te la hubiera dado” (Juan 19:11) por lo tanto no le condenamos, sino que él, buen Jesús, se entrega por nosotros.

II. Jesús carga con la Cruz: después de ser azotado, humillado, golpeado y maltratado, con una corona de espinas en su cabeza, carga con la cruz. El peso de nuestros pecados, de nuestra maldad. Jesús, llevas en sus hombros la salvación del mundo y a cada momento piensa en nosotros, los pecadores. Con el amor que nos tiene, con la esperanza de que con ese sacrificio estaremos juntos en la eternidad. El dijo: “…aprendan de mí que soy manso y humilde, quien quiere venir conmigo que tome su cruz y me siga…”, porque sin duda la cruz hay que llevarla para encontrarse con Jesús.

III. Jesús cae por primera vez: será imposible que no le fallemos. A sabiendas de esto, tropieza por primera vez. El camino hacia el calvario es muy largo todavía, sin embargo sus rodillas ya han besado el suelo, fruto del cansancio, del dolor que su cuerpo tan humano como los nuestro, sufre bajo aquel madero y para darnos el ejemplo de lo que debemos hacer cuando caigamos, se levanta erguido con la frente en alto dispuesto a seguir llevando la cruz.

IV. Jesús se encuentra con su madre: porque mientras recorremos este valle de lágrimas la madre está con nosotros, con lágrimas en sus ojos, con dolor en su corazón. Tal como Simeón lo predijo: “…siete espadas se clavarán en tu alma...”, así la Madre del redentor lo ve desfigurado, al fruto de su vientre, al fruto bendito de su vientre y aún cuando quiere consolarlo no puede, pero nos consuela a nosotros en nuestros momentos de sufrimiento, para recordarnos que aún, camino del calvario no estamos solos.

V. Jesús es ayudado por el cirineo: Y pasaba por ahí un tal Simón, natural de Cirene, que regresaba del campo y fue obligado a llevar la cruz. Mientras ayudaba al que él consideraba un criminal, encontró su salvación al ver el rostro desfigurado del Maestro, la mirada de amor que no cambió nunca en sus ojos transformo la vida de aquel hombre sencillo. Humilde nos manda a ser ¡oh buen Jesús! y para enseñarnos lo que es humildad se deja ayudar por un hombre, para la salvación de todos los hombres. Pues para cumplir su misión, Cristo necesita que le ayuden. !Ayudemos a expandir su reino llevando su cruz!.

VI. La Verónica limpia el rostro de Jesús: En un gesto de compasión, la mujer, con un manto limpia su rostro, trata de minimizar el dolor que atraviesa, ¿Cuántas veces hemos buscado la salida fácil? Habiéndose podido quedar allí decidió seguir como nosotros debemos seguir en el camino de la vida y no podemos hacerlo sin Él.

VII. Jesús cae por segunda vez: Ahora por el cansancio, y con la mitad del camino por recorrer cae bajo el peso de la cruz, bajo el peso de nuestra indiferencia, bajo el peso de las cosas que ponemos sobre sus hombros; y tal como la primera vez, ahora también se levanta para enseñarnos que podemos ser mejores.

VIII. Jesús consuela a las mujeres de Jerusalén: ¿Llorar por nosotros? es lo que siempre hacemos. “Si esto hacen con el árbol verde que no harán con el leño seco”. Él nos enseña a olvidarnos de nosotros mismos.

IX. Jesús cae por tercera vez: Ya falta poco, la misión aún no termina. Por última vez, arriba y hacia adelante.

X. Jesús es despojado de sus vestiduras: Los romanos le quitaron su túnica, se la arrancaron del cuerpo. Así Jesús, nos despoja de nuestros egoísmos, de nuestros errores, de nuestros pecados, para entrar en su presencia, sin nada más que el corazón. Su cuerpo lacerado por los golpes y los azotes es expuesto, y predispuesto a ser clavado

XI. Jesús es clavado en la cruz: Primero las manos que sanaron a tantos, y luego, los pies que anduvieron por toda la Tierra Santa. Así como Moisés alzo la serpiente en el desierto, el hijo del hombre fue alzado para que todo aquel que acuda a Él, alcance la salvación

XII. Jesús muere en la cruz: Un minuto de silencio por el momento más solemne de la historia.

XIII. Jesús es entregado a su madre: en medio de carreras, el maestro regresa a los brazos de su madre, quien lo llora desconsoladamente, tal y como cuando era pequeño y se quedaba dormido. Una vez más y por última vez, el Hijo se queda en los brazos de su amorosa madre para dormir, esta vez el sueño eterno.

XIV. Jesús es sepultado: Y aún siendo sepultado en aquella roca nueva,  duerme tranquilo habiendo cumplido su misión, porque con su muerte venció el pecado. Tres días después resucitará venciendo a la muerte y no quedando enemigos por vencer será Rey eterno y victorioso. Aprendamos a pasar las horas que vienen sin Él, para cuando nos perdamos en esta vida nos muestre el sepulcro vacio y nuestra alegría sea completa.

Última actualización el Viernes, 04 de Junio de 2010 04:37
 

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